Al
parecer el premio Möbius Internacional de Multimedia
(un premio que no conozco de nada y por lo que he podido averiguar
?con mucha precipitación, lo reconozco?, sin el menor
interés), ha tenido en consideración la última
obra de Roberto Aguirrezabala, un net.artista con un largo
curriculum y obras muy premiadas, como su Badplayer (2002),
y otras bien conocidas (what:you:get, 1998, año en
que descubrí su obra). La consideración hacia
la obra de Aguirrezabala ha venido motivada por su última
producción, Easyfriend (www.easyfriend.org), en línea
desde mayo de este año y que tiene un interés
mucho mayor que la trayectoria conjunta del premio al que
se presenta, una suerte de webby award atrapado en la época
del pecé multimedia, cutre y sin ranuras de expansión.
Un toque de suspense. Y digo
que con seguridad su obra tiene mayor empaque que toda la
historia del premio porque, dentro de una línea a la
que viene siendo fiel este autor, reflexiona sobre las relaciones
interpersonales telemáticamente mediadas, a través
de un relato de elevada complejidad con varias líneas
narrativas que le proporcionan un toque de suspense con mezcla
?hoy tal vez haya que escribir «un remix»? de
cine (vídeo) y net.art.
La obra requiere el ingreso obligatorio por registro del
navegante, ya que te introduces en un juego narrativo en el
que tu alias se verá asociado a un asistente. Dicho
asistente, a su vez, lo puede ser de otros alias que navegan
esta historia fragmentada en la que uno nunca sabe adónde
puede llegar ya que opera, en ocasiones, con un principio
vislumbrado por Jorge Luis Borges en El jardín de senderos
que se bifurcan y muy acorde con la lógica binaria
que rige todo el universo de la informática en que
nos movemos en estos momentos, con un estás o no estás,
0 o 1, sí o no, fue pensado o vivido. Con bifurcaciones
como éstas, u otras, se construye un relato desde el
momento mismo del ingreso a la obra, en que calificas a tu
asistente personal, un knowbot, supuestamente dotado de inteligencia
artificial emocional (sic); que me perdonen los autores de
estos algoritmos, pero si me cuesta comprender qué
sea la inteligencia emocional, gran descubrimiento del pensamiento
conservador del último momento, menos lo entiendo en
su forma artificial.
Narraciones cruzadas. El knowbot,
dotado de distintos algoritmos que le permiten ponerse a tu
servicio y entablar conversaciones contigo, útiles
para moverte por el relato y que poseen la particularidad
de poder hablar con otros alias que se encuentren en este
juego-narración, a través de un servicio de
chat implementado por esta obra de net.art. En este chat radicaría
la fuerza de su componente internético, aspecto que
ya ha sido tratado por este autor en otras ocasiones, pues
le interesan mucho las narraciones cruzadas que permite la
telemática y su carácter de juego que no termina
de implicarte del todo, pues ¿hasta dónde llega
la implicación emocional de alguien en un chateo puro?
El chateo parece un primer nivel de acceso, pero resulta
ser un nivel más profundo, ya que durante el desarrollo
fílmico de la narración descubres que el protagonista,
Oriol X (en un interpretación actoral muy bien realizada
por Aitor Gabiola), mantiene una estrechísima relación
escrita con Alma, alguien con nombre propio de alias, que
interfiere las posibles relaciones reales que se le presentan
a Oriol, en la ficción un videasta.
Deudas pasadas. Creo que esto
es lo más flojo del guión. Presentar al protagonista
como miembro de la comunidad artística le resta pegada,
ya que lo sitúa en un nivel endogámico que ya
le sobra al medio internético. Entre el protagonista
y otra mujer, con quien mantiene un extraño escarceo
amoroso a raíz de una entrevista que ésta le
realiza cuando llega a Bilbao para la presentación
de su última obra, se plantea una relación con
deudas pasadas que no puede continuar por la presencia de
la onmipresente Alma.
La historia la vas conociendo, o te la vas formando, no tanto
a tu gusto como a tu alcance, porque la interfaz de paso de
un capítulo a otro es un tanto enrevesada y no te permite
ir entre ellos, de uno a otro fragmento, a tu antojo, sino
salvando las dificultades que la propia interfaz presenta.
Esto es algo que se agradece, porque de lo contrario sería
un simplón ora pulso aquí ora allí, unas
dificultades que sólo consiguen llegar a una interactividad
irreal, que únicamente permite interactuar en la medida
en que está previamente programado, como suele ocurrir,
porque la interactividad real, la que aparece en la vida,
existe cuando se te presentan alternativas imprevistas, es
decir, no programadas, algo que en el arte no ocurre nunca
y que aquí se trata de introducir a través de
la dificultad de llegar al siguiente capítulo porque
no sabes dónde está, ni dónde estás,
en cada momento de la navegación.
Ordenar la historia. Más
tarde, recorridos todos, el autor parece arrepentirse de la
tortura a que te ha sometido y te permite ordenar la historia
para certificarla. En ese momento, tu relato se completa y
contrasta con la historia real, que nunca sabrás en
qué ha quedado.
Un notable esfuerzo narrativo por parte de Aguirrezabala
que se presenta como su mejor obra hasta la fecha. |