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Campo de sangre, 2010
Fotografías de la serie
Descripción
Making off
Créditos
C/ Gardoki, 3 - 7º
48008 Bilbao
(Bizkaia)
T. 94 479 38 83
roberto@adclick.es

Campo de sangre, 2010
(Memoria del proyecto)

BREVE SINOPSIS

Campo de sangre es un proyecto fotográfico que explora la violencia como forma de relación. El proyecto está ambientado en un entorno rural atemporal donde la narración se adentra, en el relato intimista de un estallido de violencia, buscando los estrechos límites de un contexto de relaciones hermético y claustrofóbico.

La narración se sucede a lo largo de las diez imágenes que componen la serie. Cinco personajes protagonizan escenas violentas generando repentinamente el caos en el interior de una cabaña. Las diferentes escenas se superponen de modo fragmentario e interrelacionado. Las fotografías han sido realizadas en plató, tensando los aspectos ficcionales de la representación. La sangre es el hilo conductor de la narración y se desvela como el objeto de deseo de los personajes. En mayor o menor medida, todos los personajes acaban manchados de sangre, como consecuencia de la herida mortal a uno de ellos. Aunque la violencia aparece de un modo contenido y armónico, como una danza.

CARAVAGGIO Y LA LUZ

El proyecto surge desde el estudio de la pintura de Caravaggio El prendimiento de Cristo de 1603. El cuadro representa el momento en que Judas besa a Jesús como señal para delatarle ante los soldados romanos, colaborando así en su detención. También hay referencias a otros cuadros de Caravaggio como La Incredulidad de Santo Tomás y El enterramiento de Cristo. La referencia a estos cuadros no ejerce una gran presencia dentro del proyecto. Me interesa principalmente la contradicción entre la escena dramática y la armonía contenida en la composición de los cuadros. Personajes abigarrados que parecen mantener una lucha por permanecer dentro de un encuadre tan cerrado que no dejan casi espacio para la contextualización del lugar.

En este proyecto de nuevo vuelvo la mirada hacia Caravaggio y al barroco temprano. La luz es dura, con fuertes contrastes, centrando la atención allí donde verdaderamente se encuentra la historia. La luz modela los cuerpos, los gestos y expresiones de los personajes. Estos utilizan únicamente la mirada para comunicarse, con una fuerte carga de subtexto.

HACELDAMA

Campo de sangre, también llamado Haceldama, hace referencia a Judas. Según el relato de San Pedro, Judas compró el campo del alfarero con el dinero de su traición, donde finalmente murió violentamente derramando todas sus entrañas por la tierra. Otra teoría más extendida, según San Mateo, relata cómo los sumos sacerdotes tras ahorcarse Judas recogieron el dinero ganado con su traición y lo utilizaron para comprar el campo del alfarero que sirvió de sepultura para los forasteros. El brote de esa sangre, que se extiende del dinero de la traición al campo, es el hilo conductor del proyecto.

La serie se compone de diez fotografías. Tres imágenes de gran formato soportan el peso de la acción principal. Otras dos imágenes muestran el contexto, tanto el exterior de la cabaña como un detalle del interior con los aperos de labranza. Además cinco fotografías recogen, a modo documental, el gesto y el aspecto de cada personaje antes y después de los actos violentos.

LA REYERTA

Aunque la acción está diseminada y fragmentada en cada una de las diez imágenes de la serie, las tres fotografías principales y de mayores dimensiones, El beso, El arma y El cuerpo, representan los hechos centrales de la historia. Nos imaginamos un entorno vecinal y rural o bien un claustrofóbico círculo familiar. Suponemos que existen viejas deudas que van enrareciendo progresivamente la relación entre las personas. Intuimos que estas personas se han acostumbrado a convivir con la violencia, con el odio, con el rencor.  Además, damos por hecho que un suceso reciente ha sido el desencadenante de la tragedia. Pero todo esto ocurre fuera de cuadro, al otro lado del borde del papel fotográfico. La cámara no mira allí, en cambio se detiene en los detalles, en los gestos de cada personaje, que tratan de mostrar un subtexto cargado con todas estas historias.

Las tres fotografías tienen una secuencia de lectura, desde el encontronazo de los personajes, pasando  por la agresión con un apero de labranza como arma y concluyendo con la manipulación del cuerpo, aunque no sabemos con qué fin. Aquí también tenemos que imaginarnos el final, ¿Qué harán con el cuerpo?.

Cada uno de los personajes también sufre una evolución psicológica dentro de la historia. Aunque unos personajes tienen un cambio más complejo que otros. Por ejemplo, el agresor transcurre desde un odio riguroso e incondicional hasta el arrepentimiento absoluto. Parece que se ha dejado llevar por un instinto incontrolado y ajeno a su voluntad. Quizá ha sido impulsado por la voluntad de los personajes de las dos mujeres que soportan el peso intelectual de la agresión. Ellas mantienen el mismo gesto de odio en cada escena. No les afecta la situación. Incluso parece que han llevado la situación a un desencadenante calculado. La víctima, el único personaje que viste de azul, es un ser inofensivo y desprovisto de toda agresividad. Es el objeto de la violencia del resto de personajes. No se altera, parece  no sufrir, no vemos más allá de su piel. Incluso nunca le vemos los ojos, siempre los tiene cerrados o mantiene la mirada baja, sumisa. Cuando recibe la herida mortal no reacciona, se mantiene erguido y casi ajeno a la acción. Sólo podemos percatarnos de la gravedad de la situación por la expresión del quinto personaje, con la camisa de cuadros. Este último personaje, aunque físicamente muestra un aspecto salvaje y embrutecido, vemos cómo progresivamente se comporta con una mayor sensibilidad. En la primera imagen está dando un beso a la víctima, delatándole, en clara reminiscencia al beso de judas. En la segunda escena, es el que transmite el horror e incluso vemos cómo su mano intenta evitar la tragedia reteniendo al agresor. Al final, en la tercera escena, centra la atención de la fotografía reclinándose con un gesto de dolor, en una postura que parece abrazar a la víctima al mismo tiempo que sostiene el peso de su cuerpo.

LA CABAÑA Y LOS APEROS

Las dos fotografías La cabaña y Aperos de trabajo aportan el contexto de la historia. La información se muestra por separado de forma fragmentada, como un collage. Esto me lleva a trabajar, dentro de un mismo proyecto, con fotografías realizadas en plató y otras fotografías tomadas en localizaciones naturales. En este caso la cabaña es un escenario real. Es una imagen tomada al comienzo de la noche, iluminando la cabaña desde dentro. Se ve una luz muy dura saliendo del interior. Y reconocemos que es la misma luz de claroscuros que ilumina a los personajes. Comprendemos que es ahí donde ha sucedido todo. Dentro están los cinco personajes. No podemos verles, son invisibles, pero están ahí. 

La fotografía Aperos de labranza descansa al final de la serie, cuando todo ha sucedido, cuando la acción ha desaparecido y los personajes han abandonado el lugar. Aparentemente los aperos de trabajo están dispuestos sobre una mesa tras una jornada rutinaria en el campo. Pero tras una observación atenta de la fotografía vamos descubriendo gotas de sangre sobre la madera de la mesa y la cuerda, hasta ver finalmente la hoz completamente manchada de sangre, la misma hoz que ha servido de arma en la reyerta.

DOS TIEMPOS

Cinco fotografías de cada uno de los personajes completan la serie. A modo de un retrato ficcionado, cada personaje posa ante la cámara mirando al espectador. Se mantiene rigurosamente el mismo plano y el mismo fondo en cada fotografía. Esto las convierte en un documento, más que una escena. En este punto las imágenes se mueven entre la ficción y el documental. Nos preguntamos, ¿por qué posan delante de la cámara?

Cada imagen se compone de dos fotografías. Una está realizada antes de los hechos narrados y la otra justo después. Posteriormente las dos fotografías están montadas de forma superpuesta, con los consiguientes errores de registro. No hay más manipulaciones. Las dos imágenes no consiguen coincidir. Se pueden ver los errores y cómo las líneas se desdibujan. Los bordes se hacen suaves y se funden con el fondo. El maquillaje, algún objeto que sostienen entre las manos, el desaliñado de la ropa, las heridas aparecidas, son indicios que ayudan a distinguir las dos imágenes que representan los dos tiempos. Al observar cada retrato de cerca podemos recorrer cada una de las dos fotografías y separarlas para valorar el espacio temporal entre ellas. ¿Qué ha ocurrido entre los dos tiempos? Parte de la respuesta se encuentra  diseminada en la lectura de las otras fotografías que componen la serie y otra parte está más allá del papel fotográfico.

FALTA DE NITIDEZ

Un aspecto de la imagen en el que estoy trabajando actualmente, a lo largo de los últimos proyectos fotográficos, es la falta de nitidez. Es ahora cuando se muestra conscientemente una búsqueda en la falta de nitidez de la imagen. No me refiero a una carencia de nitidez conseguida por el medio fotográfico como falta de enfoque, pequeñas profundidades de campo o lograda en la fase del procesado de la imagen. Busco la falta de nitidez a través de otros medios, principalmente desplegados en el momento de la toma, sin manipulaciones posteriores. Por ejemplo, la niebla, el polvo y el humo, son elementos que últimamente persiguen mi cámara. En este proyecto, las tres imágenes que soportan el centro de la acción, van cubriéndose progresivamente de un polvo que se ha levantado del suelo por la violencia de los hechos. Este polvo engorda la imagen y la confiere de una carnosidad única que envuelve a los personajes y su tragedia.

Por otro lado, los retratos donde los personajes miran a cámara también muestran una clara falta de nitidez. Al ser una imagen conseguida a partir de la superposición de dos fotografías diferentes, obtengo una única imagen con errores de coincidencias causados por los cambios deliberados de la posición de la persona. Estos errores dan como resultado una imagen aparentemente movida y sin nitidez. Pero observando la imagen de cerca en la ampliación a papel podemos apreciar simultáneamente los dos aspectos antagónicos. De lejos es una imagen movida pero a medida que nos acercamos podemos ver los detalles por separado de las dos fotografías y la nitidez vuelve a aparecer mezclada con el desdibujado.

Narrativamente también existe una falta de nitidez en las fotografías que realizo. Habitualmente, en mis imágenes, la acción transcurre fuera de campo, lo que provoca una falta de foco que obliga forzar la mirada para comprender la acción. No sabemos qué ha ocasionado el brote de violencia, ni la relación que mantienen los cinco personajes. Tampoco vemos el momento exacto de la agresión y en la fotografía que más se acerca a ese momento, los personajes de las dos mujeres y la víctima parecen estar ausentes y pendientes de algo fuera de campo. En esta imagen sólo vemos la magnitud de la tragedia reflejada en el rostro del personaje de la derecha de la imagen. En los retratos cada personaje está fotografiado antes y después de los hechos, lo que deja el centro de la acción fuera de la imagen, allí donde sólo podemos imaginar.

Para solicitar más información sobre este proyecto contactar con Roberto Aguirrezabala: roberto@adclick.es